Todos somos Americanos (We Are All American)

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Art by Jiwon L

The word America encompasses more than just the United States although it has been popularized.

Translation available below

Los estadounidenses tienen fama de sentirse el centro de la tierra, algo que es evidente en ciertos términos populares. Usamos los idiomas para expresarnos, comunicarnos y conectarnos, pero también pueden funcionar como una herramienta para avanzar ideologías regresivas. Sea un insulto racial, un comentario despectivo o una palabra con implicaciones subyacentes del imperialismo, la precisión de las palabras que utilizamos es necesaria porque pueden tener significados muchos más complicados de lo que parece a primera vista.

Una palabra que se usa todo el tiempo aquí en Estados Unidos, y que casi nunca es criticada ni por los activistas más progresivos, es americano/a. En los diccionarios es un sustantivo gentilicio que describe a un nativo o ciudadano de los Estados Unidos. Pero los diccionarios no logran destapar todas las implicaciones de usar una palabra que se refiere a una masa de tierra enorme – que incluye a muchas culturas diferentes – para hablar exclusivamente de los habitantes que ocupan solo el 23% del área de esa tierra.

Hasta la percepción de esta masa de tierra es importante en la consideración de la definición. Muchos aprenden sobre los continentes de formas muy distintas y lo expresan de acuerdo a su propio idioma. En los EE.UU., nos enseñan que hay siete continentes, un modelo que considera Norte y Sur América como dos entidades separadas. En muchos países latinoamericanos, las personas aprenden que solo hay seis, resultando en América como la combinación del Norte y Sur. A pesar del número de continentes que uno reconoce, América está compuesta de más que 39 países, lo que claramente puede ser problemático cuando se considera el uso de americano.

En nuestras escuelas es común escuchar a alumnos y maestros referirse a los ciudadanos de los EE.UU. como americanos y al país como América. Nuestra historia es problemática desde el primer momento en que los colonizadores dejaron sus barcos y pisaron la tierra. Hemos ido robando la propiedad de los habitantes originales en pedazos cada vez más grandes, y hasta logramos pintar a las personas indígenas como salvajes que necesitaban nuestra ayuda civilizadora. Este patrón ha prevalecido a lo largo de nuestra historia nacional. Seguimos siendo un país con un complejo de superioridad sobre nuestros vecinos del sur, tanto que a los niños los separamos de sus familias y los ponemos en jaulas cuando vienen a pedir nuestra ayuda. El sentido de altivez disfrazado de patriotismo ha sido un tema recurrente en la narrativa estadounidense, y el uso continuo de “American” demuestra que todavía no lo hemos superado. Este término sigue perpetuando una mentalidad de imperialismo.

Este imperialismo con el cual hemos operado hacia el resto de América es increíblemente horrendo y demuestra la ignorancia que se refleja en el uso de la palabra “American”. Durante la segunda mitad del siglo XX, los EE.UU. protagonizó muchos cambios de régimen en Latinoamérica. En nuestro nombre, la CIA orquestó golpes de estado para reemplazar líderes de la izquierda con regímenes de extrema derecha, generalmente sometiendo a esos países a autoridades militares y tiránicas. Esto ocurrió durante la Guerra Fría con el fin de prevenir la propagación del comunismo, pero también hay ejemplos anteriores como los de las repúblicas bananeras de Centroamérica. Teniendo esta explotación en cuenta, se hace más claro lo desconsiderado que es el uso del término “American” porque continúa el sentido de que dominamos esta región del mundo.

Aunque muchos aquí no consideran las consecuencias de este uso de lenguaje, gente de países latinoamericanos sí están muy conscientes de las implicaciones. El resto de América también se considera americano. Perciben la forma en la que los del norte usamos la palabra como un claro testimonio del estereotipo del estadounidense culturalmente inconsciente y egocéntrico.

Ciertas palabras que se usan en contextos más informales en Latinoamérica para hablar de los estadounidenses reflejan la ira que se siente contra este imperialismo. Gringo se usa en muchas partes para hablar de personas en los EE.UU., aunque sí se puede aplicar a ciudadanos de otros países predominantemente blancos y extranjeros. Esta palabra generalmente tiene una connotación despectiva y se usa como insulto, pero esto depende del entorno en el que creció uno y hasta la región de su país.

Originalmente usado para hablar de extranjeros, especialmente franceses, gabacho se usa (predominantemente en México) para hablar de individuos en los Estados Unidos. Está palabra puede ser aplicada más ampliamente para describir a la gente blanca, pero casi siempre tiene un tono negativo. Otro término empleado por hispanohablantes del cono sur para hablar de estadounidenses es yanqui. Yanqui tiene limitaciones porque en inglés realmente se refiere sólo a la región noreste de los EE.UU., y en este contexto típicamente se considera una forma despectiva.

Es importante reconocer que hay excepciones y variantes en el uso de americano. En Brasil, por ejemplo, se usa el equivalente portugués a americano para referirse a habitantes de los EE.UU. Canadá es otro ejemplo de un país cuyos ciudadanos no se consideran americanos y entonces lo usan exclusivamente para referirse a los estadounidenses. Los europeos generalmente reservan el término para personas de nuestro país, y algunos justifican esto diciendo que la palabra puede tener muchos significados y ser traducida de distintas formas.

Las alternativas a americano/a tienen sus propias limitaciones. La que se usa ampliamente en los países latinos es estadounidense, que sería en inglés “United Statesian”. Pero, no es completamente preciso. Hay otros estados unidos – el título oficial de México, Estados Unidos Mexicanos, también usa ese término. Por un tiempo, hasta Brasil tuvo también el mismo epíteto en su nombre completo.

Otra alternativa es norteamericano – que sería “North American” –  utilizado generalmente para hablar específicamente de estadounidenses, pero esto presenta otra hipocresía. Hay una tensión en condenar el uso de un término que se refiere a todo un continente para hablar de un solo país, y seguir usando otro término que se podría aplicar a 23 países distintos para hablar de ese mismo. Es cierto que muchas naciones latinoamericanas combinan el norte y el sur del continente, entonces norteamericano no tiene las mismas implicaciones que una perspectiva “americana”. Igual podría fácilmente incluir a Canadá, todavía más al norte que los EE.UU. Las alternativas a “American” no son perfectas, pero ofrecen otras opciones que no tienen connotaciones tan arrogantes.

Los términos usados para hablar de grupos de personas no se pueden traducir perfectamente debido a los matices de cada idioma. La lengua siempre será fluida, pero eso no se puede usar como justificación para emplear palabras dañosas e ignorantes. Cada individuo es responsable de ser crítico de la lengua que usa porque muchas veces tiene historias complicadas. Aunque culturalmente se permite el uso de “American”, no significa que sea algo justificable y que deberíamos seguirlo usando ciegamente. Al tolerar continuamente el término, no solo estamos exponiendo nuestro prevalente imperialismo cultural, sino que también estamos demostrando nuestra falta de voluntad para escudriñar nuestro propio idioma. Hay que dejar de apropiar el nombre de todo un continente para hablar sólo de nuestro país.

 

English Translation

People in the US are famous for feeling like the world revolves around them, which is evident in certain popular terms used. We use language to express ourselves, to communicate, and to connect with others, but it can also function as a tool to advance regressive ideologies. Because of our language’s potential to be used for racist insults, derogatory comments, and words with underlying imperialistic implications, precision with the words we use is important because they can have underlying meanings that are much more complicated than we assume at first glance.

One word that is used all the time in the United States, and that is almost never condemned by even the most progressive activists, is American. In the Oxford Languages dictionary, it is classified as a noun that is used for “a native or citizen of the United States.” But what the dictionary fails to recognize is all the implications of using a word that refers to a giant landmass–which is home to many different cultures–to speak exclusively of people that occupy only 23% of that land.

Even the perception of this landmass itself is important when considering the definition of American. Many people learn about the continents in different ways and they express those differences through the language they use. In the U.S., we learn that there are 7 continents, a model that considers North and South America two separate entities. In many Latin American countries, however, people learn that there are only 6 continents, resulting in America being the combination of its southern and northern parts. Despite the number of continents one recognizes, America is composed of more than 39 countries, which clearly begins to make the use of the term American problematic.

In school, it is common to hear our peers and teachers refer to citizens of the U.S. as Americans and the country as America. Our country’s history has been problematic since its first moments when the colonizers stepped off the boats and onto the soil. We have consistently pillaged the property of the original inhabitants piece by piece, and we even managed to paint indigenous persons as savages that needed our civilized help. This pattern has prevailed throughout our nation’s history. We continue to be a country with a superiority complex towards our Southern neighbors, so much so that we separate children from their families and put them in cages when they come asking for our help. Our sense of entitlement disguised as patriotism has been a recurrent theme throughout the U.S. narrative, and the continued use of American shows that we still have not overcome it. This term continues to perpetuate a mentality of imperialism.

This imperialism with which we have operated towards the rest of America is horrific and our ignorance is reflected in the use of the word American. During the second half of the 20th century, the U.S. has been the protagonist of many regime changes in Latin America. On our behalf, the CIA has orchestrated coups to replace leftist leaders with far-right regimes, typically subjecting those countries to tyrannical military authorities. This occurred during the Cold War with the goal of preventing the spread of communism, but there are also earlier examples with things like the so-called “banana republics” of Central America. With this exploitation in mind, it becomes clearer how disrespectful the use of the term American is because it continues the sense that we dominate this region of the world.

Even though many here do not consider the deeper consequences of using this type of language, Latin Americans are very conscious of the implications. The rest of America also considers itself American. They perceive the way that we use the word in the United States as an example of the stereotype that we are culturally ignorant and egocentric. 

Certain words that are used in informal contexts in Latin America to talk about people from the U.S. reflect the resentment that they feel towards U.S. imperialism. “Gringo” is used in many places to refer to people from the U.S., even though it can also be applied to citizens from other foreign countries that are predominantly white. This word generally has a derogatory connotation and is used as an insult, but that intention depends on the environment that the speaker grew up in and even the specific region of the country they live in. 

Originally used to talk about foreigners, especially the French, “Gabacho” is used (predominantly in Mexico) to refer to individuals from the United States. This word can be applied more broadly to describe white people but is almost always used with a negative tone. Another term used by Spanish speakers to refer to US citizens is “yanqui,” or Yankee. Yankee has limitations because in English it refers solely to the Northeastern region of the U.S., and in this context, it is typically considered derogatory.

It is important to acknowledge that there are exceptions and variations with the use of the word American. In Brazil, for example, the Portuguese equivalent to American is used to refer to people from the United States. Canada is another example of a country whose citizens don’t consider themselves Americans and use the term exclusively to refer to people from the U.S. Europeans generally reserve it for people from our country, and some justify this by saying that the word has many different meanings and can be translated in different ways. 

The alternatives to American have their own limitations. One that is widely used in Latin countries is “United Statesian,” but this is not entirely precise. We are not the only United States–another example is the United Mexican States, the official title of Mexico. For a period of time, even Brazil had the same demonym in their full name. 

Another alternative is North American, generally used to speak specifically about the United States of America, but this presents a certain hypocrisy. There is tension in condemning the use of American when speaking of one single country just to replace it with “North American” which technically encompasses 23 distinct countries. It is true that many nations in Latin America combine both the North and South continents, so North American does not have the same implications as it does from the “American” perspective. Regardless, this term could easily include Canada, which is even more North than the U.S. is. The alternatives to American are not perfect, but they do offer other options that don’t have as arrogant a connotation.

The terms that are used to refer to groups of people cannot be perfectly translated due to the nuances of each language. Linguistics will always be fluid, but that is no justification for employing words that are harmful and ignorant. Every individual is responsible for being critical of the language that we use because oftentimes a word’s history can be complicated. Even though it is culturally permissible to use American and have it be understood as someone from the U.S., that does not mean that it is justifiable or that we should continue to use the term blindly. To continue tolerating this not only exposes our prevalent imperialist culture but also shows that we lack the willingness to think critically and scrutinize our own use of language. We need to stop appropriating the name of an entire continent to refer to just one country.

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